jueves, 29 de abril de 2010

La habitación 415

Esta triste historia ha sido publicada hoy en casi todos los periódicos del país.

Agapito: un hospital por hogar
Agapito Pazos figuró empadronado hasta su muerte en un centro sanitario gallego tras ser abandonado


B.MÁRQUEZ PONTEVEDRA ­­­
Su mundo era el Hospital Provincial de Pontevedra. En él vivió prácticamente toda su vida (desde los tres a los 82 años) y en él murió. Y si alguien duda sobre cuál era su lugar, sólo hay que echarle una ojeada al padrón municipal: Agapito Pazos Méndez; domicilio: calle Loureiro Crespo, Hospital Provincial, habitación 415, cama 2. Pontevedra.
Agapito fue abandonado en un cajón a las puertas del centro hospitalario, entonces de beneficencia, recién estrenada la década de los años 30 del pasado siglo. Eran tiempos difíciles y un niño de tres años con espina bífida (el diagnóstico llegó más tarde) era una carga.
El pequeño tenías las extremidades inferiores y una superior atrofiada y nunca llegó a caminar. Sus problemas físicos no le impidieron, sin embargo, granjearse el afecto de quienes le recogieron y el cariño de sucesivas generaciones de monjas y trabajadoras sanitarias. Era un «todo un personaje», apuntaba una auxiliar, y «se dejaba querer, aunque tenía sus prontos».
En su juventud y hasta entrada la década de los años 70, Agapito tenía asignadas «obligaciones»: era el encargado de guardar las llaves de la gaveta de los medicamentos y del almacén, explicaba el médico Fernando Filgueira, que conoció a Agapito cuando realizó sus primeras prácticas profesionales.
Uno de los momentos más felices de su vida fue el día que un auxiliar se lo llevó de excursión a la playa de A Lanzada para que conociese el mar. También lo llevó al aeropuerto. Estas dos salidas constituyeron los «viajes» de su vida. Fueron las únicas ocasiones en que salió del hospital que fue su hogar casi 80 años.

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